ASOCIACIONISMO
PARTICIPACIÓN, ASOCIACIONISMO Y MOVILIZACIÓN
DE LAS  PERSONAS MAYORES
 
Introducción

El envejecimiento de la población en España y en el resto del mundo, es un hecho indiscutible que está generando una gran transformación social. La mejora en la calidad de vida, la baja natalidad, el incremento de la longevidad, los avances tecnológicos y científicos, la robotización o mecanización de los trabajos más esforzados y laboriosos, el avance significativo de los sistemas de información y comunicación… están dando como resultado un grupo de población cada vez más numeroso e influyente conocido como la “Edad de Oro”, que recibe el nombre de Silver Economy o Economía Plateada en el ámbito económico.

Además, la etapa de la vejez está perdiendo su connotación más negativa en la sociedad, concibiéndose ésta como una etapa más, dinámica, creativa, activa, participativa, saludable. La ampliación de la esperanza de vida ofrece, y cada vez más, nuevas oportunidades a las personas mayores, sus familias y la sociedad en su conjunto, desde emprender nuevas actividades incluidas las económicas, viajar o continuar los estudios, hasta iniciar una nueva profesión, retomar antiguas aficiones o, incluso algunos, deciden alargar la edad de jubilación.

El numeroso grupo de personas con 65 y más años, su actividad y demandas afectan a todos los ámbitos de la vida -economía, industria, sociedad, mercado laboral y financiero, sanitario y de cuidados-, representando en 2020 cerca del 20% de la población española, y esperando que en el 2030  sea el 25%  de la población, que ya exige un cambio en los sistemas de cuidado y de atención, así como la producción de bienes y la oferta de servicios personalizados, adaptados a sus necesidades y deseos. Este colectivo se ha conformado como un grupo relevante de población decisiva para la toma de decisiones sociales, porque son personas con talento, experiencia y desean formar parte activa de la sociedad.

 
¿Qué implica la participación social de las personas mayores?

Fomentando la participación de las personas que envejecen se transmite un sentido del propósito, y se abre la posibilidad de establecer relaciones sociales positivas y enriquecedoras entre generaciones. Asimismo, se ofrece un espacio donde la persona aporta de forma activa su tiempo y su experiencia, reforzando la importancia de su figura en la sociedad actual, y ofreciendo la posibilidad de desarrollo personal a través de experiencias satisfactorias, de apoyo a la comunidad y a sus familias.

Por ende, se les ofrece un reconocimiento positivo de su valor, implicación, compromiso y autoeficacia dentro de una sociedad en constante transformación, y se les brinda un espacio vital donde continuar aportando su visión del mundo.

“Las personas mayores son ciudadanos/nas

y quieren seguir viviendo plenamente en la sociedad.

Participar es una responsabilidad y un derecho.”

 

Condiciones básicas de la participación

Mantener la ilusión y el deseo de cambiar las cosas, resulta algo intrínseco al concepto de participación. Participar, colaborar, contribuir, tomar parte en algo, requiere de tiempo y, por tanto, supone un esfuerzo personal. Defender nuestras convicciones, presentar nuestras ideas ante otros que no tienen por qué pensar igual, conlleva inevitablemente un desgaste. Por ello, la unión con otras personas que buscan los mismos objetivos, y con los que pueden compartirse estrategias similares de acción, resulta una herramienta indispensable y es fundamental para avanzar hacia la transformación social.

Además, para que se dé una correcta participación han de confluir los siguientes aspectos:

MOTIVACIÓN

FORMACIÓN

ORGANIZACIÓN

La motivación para participar lleva aparejado un compromiso que puede ser personal o social. Este término también está relacionado con otros necesarios en la participación como el de «voluntad» e «interés».

Para participar no basta con querer, hay que haberse hecho unas preguntas iniciales esenciales: saber para qué, cómo, en qué, de qué forma, etc. También, es preciso un aprendizaje de los conocimientos y habilidades necesarios para comunicarse y relacionarse con otras personas y poder actuar colectivamente. Resulta esencial saber escuchar, pero también hacerse escuchar.

La organización es vital para la participación ordenada de un grupo. Si se quiere y se sabe participar, también se ha de poder hacer y ello se conseguirá a través de las estructuras y cauces de participación adecuados.

 
¿Cuáles pueden ser las formas de participación social?

Partiendo de que cada vez hay más personas que llegan y viven el envejecimiento con un mayor grado de autonomía, salud y lucidez, con energías suficientes para desarrollar actividades y que, por norma general, se tienen por delante veinte o treinta años más de vida después de la jubilación, se afirma que lo más importante para seguir participando plenamente en la sociedad es mantener la ilusión y el deseo y compromiso de cambiar las cosas.

Si bien es cierto que la salud es uno de los aspectos que más condicionan la participación social ya que no todas las personas mayores envejecen por igual. La idea de éstas como colectivo es correcta, pero no así como grupo homogéneo, el cual perpetúa las ideas de estereotipos y mitos sobre las personas de edad como el de que son personas débiles y por tanto, necesitan de muchos cuidados y generan muchos gastos al sistema sanitario. El proceso de envejecimiento es individual, existiendo diferentes formas de vivirlo y de afrontarlo en función del contexto social en el que se habite, así como de la situación personal y subjetiva.

La vejez puede vislumbrarse como una etapa vital, una fase más de crecimiento humano, con desafíos y retos a los que hacer frente y en los que cada persona puede seguir desarrollando su proyecto de vida.

 

       i.         La importancia de la jubilación

La jubilación es el punto de inflexión en la materia que nos ocupa. El concepto de persona jubilada integra la dimensión laboral y hace referencia a aquellas personas que perciben una pensión por el trabajo remunerado realizado. Dependiendo de la persona, la jubilación puede entenderse como un premio o una condena. En función de cómo se sea capaz de afrontar esta nueva etapa. A muchas personas les cuesta enfrentarse a la nueva situación porque no encuentran parámetros de referencia. Hasta el momento habían tenido un marco, un horario, unos hábitos –el del trabajo– y ahora están frente a otra realidad que es nueva y hay que adaptarse.

¿Cómo ocupar el tiempo libre? El contar de un día para otro con un tiempo que hasta ahora había estado completo por el trabajo, va a generar distintas respuestas por parte de las personas. Por ello, lo primero que se debe hacer es desvincular algunos términos relacionados con la jubilación como el de inactividad, pasividad, retiro, desvinculación, etc., los cuales tienen un marcado carácter negativo.

El momento de la jubilación implica un cambio sustantivo a nivel efectivo y simbólico para aquellas personas que pasan a esta nueva etapa. Las diferentes consecuencias que puede acarrear en la vida de las personas, otorga al momento de la jubilación una categoría de momento relevante en nuestras vidas: disminución productiva, cambios en las expectativas de la vida, pero a la vez, nuevas oportunidades de usos del tiempo, más relaciones sociales, familiares, etc.

Las oportunidades sólo se perciben si la persona jubilada es capaz de revertir los aspectos negativos en positivos, creando nuevas actitudes vitales, siendo positivo y manteniendo una mente abierta ante la nueva circunstancia.

 

     ii.         Voluntariado

Las tareas de voluntariado pueden definirse como «trabajo no remunerado proporcionado a individuos a los que la persona trabajadora no debe obligaciones contractuales, familiares ni de amistad”. El voluntariado es «un fenómeno cultural y económico que es parte de la forma en que las sociedades se organizan, asignan responsabilidades sociales y esperan compromisos y participación por parte de la ciudadanía».

El voluntariado es una forma de ocupar la nueva disponibilidad de tiempo, por ejemplo, para las personas jubiladas, a la vez que se configura como una oportunidad de aprendizaje. En este sentido, se remarca el gran valor de las personas mayores como grupo de participación ciudadana activa dado su tiempo libre, sus experiencias personales, su interés y dedicación, así como sus conocimientos. La participación de las personas mayores en el voluntariado incrementa el intercambio generacional de experiencias y saberes, así como enaltece el papel de las mismas dentro de las funciones de la sociedad.

Además, está demostrado que la naturaleza productiva del voluntariado resulta beneficiosa para las personas mayores, dado que posee un efecto positivo sobre varias dimensiones del bienestar, tales como la satisfacción, la salud, etc.

En 1991, la Asamblea de Naciones Unidas, en sus principios a favor de las personas de edad subrayó que las mismas «deberán poder buscar y aprovechar oportunidades de prestar servicio a la comunidad y de trabajar como voluntarios en puestos apropiados a sus intereses y capacidades».

Dentro del ámbito nacional destaca la plataforma de Promoción del Voluntariado en España que cuenta con un cuaderno de formación específico para el «voluntariado en la tercera edad».

Si quiere colaborar con nosotros como voluntario, pinche AQUÍ

 

    iii.         Educación permanente

Todas las personas deben tener la posibilidad de formarse a lo largo de la vida, dentro y fuera del sistema educativo, con el fin de adquirir, actualizar, completar y ampliar sus capacidades, conocimientos, habilidades, aptitudes y competencias para su desarrollo personal y profesional.

El aprendizaje a lo largo de la vida permite a las personas mayores permanecer activas intelectualmente y proporciona una beneficiosa sensación de satisfacción personal, mejora la confianza en uno mismo, aumenta el número de oportunidades y experiencias de desarrollo y promueve las relaciones sociales, sobre todo en el ámbito intergeneracional entre jóvenes y mayores, fomentando el intercambio de experiencias en ambos sentidos.

Dentro de las posibilidades educativas, se encuentran los cursos y talleres de alfabetización, básicos para poder iniciar un camino hacia el aprendizaje más profundo. Y en la misma vertiente, los programas de apoyo al mantenimiento y/o recuperación de la memoria. En el siguiente escalafón, la formación en las nuevas tecnologías es una de las principales tendencias en formación de personas mayores dadas las implicaciones que de ello se sustrae para desenvolverse en la sociedad de la información. Otra línea de actividades de formación se despliega en diversos cursos y talleres de temáticas diversas, muy significativos sobre todo a nivel local y municipal, como son los de artesanía, manualidades, pintura, etc. Por último, son de especial relevancia los programas universitarios para personas mayores, los cuales se despliegan en más de 55 universidades españolas y cuentan, normalmente, con un plan de estudio de tres años, con asignaturas variadas de las áreas de historia, economía, políticas, sociología, etc.

La creciente oferta y demanda de cursos formativos dirigidos a personas mayores muestra el interés por parte de las instituciones, entidades, otros organismos y, por supuesto, de las personas implicadas, por asentar una línea orientada al envejecimiento activo a través de la autorrealización personal. En este sentido, existe un gran afán en promover aquellos que sirven para adquirir conocimientos, que por circunstancias económicas, políticas o vitales-personales (crianza de los niños, necesidad de un sueldo para mantener el hogar, etc.) no se pudieron alcanzar.

El nuevo paradigma del envejecimiento exige procesos formativos, de aprendizaje continuo, que refuercen las competencias y capacidades de las personas que envejecen, no solo a partir de la edad de jubilación, sino a partir de los 50 o más años, tal y como se recogen en las distintas estrategias de envejecimiento activo que han aprobado recientemente nueve de las diecisiete Comunidades Autónomas en España.

 

En España, existe un amplio abanico de posibilidades de formación a lo largo de la vida, desde la formación presencial a la formación a distancia. Los programas que promueven el aprendizaje a lo largo de la vida (ALV) están relacionados con la educación reglada –primaria, secundaria, bachillerato, universitaria…-y la educación no formal –formación técnica, formación en tecnologías de la información y la comunicación, cultura… Adicionalmente, si se poseen conocimientos informáticos puede acceder al Aula Mentor basada en la formación abierta, libre y a distancia a través de Internet con cursos en línea con matricula abierta permanente y aulas en funcionamiento.

Para más información www.educacion.gob.es/educacion/que-estudiar-y-donde/aprendizaje-largo-vida.html o en el teléfono de información de los ayuntamientos.

“Mantenerse activo y tener una actitud abierta al aprendizaje, facilita conservar un buen estado de salud y poder seguir contribuyendo a la sociedad”.

 

    iv.         Actividad política

La cultura y participación política posee unos niveles relativamente bajos para todo el conjunto de la población –recordando que la población mayor de 65 años representa el 20% de la población española. Dentro de las formas de participación política convencionales, las personas mayores tienden a participar a través de la asistencia a manifestaciones y participación en huelgas, relegando a un segundo plano una implicación más formal en partidos políticos o sindicatos. No obstante, su papel como elementos activos de estas entidades resulta preciso dada que su experiencia se configura como un valor añadido fundamental para sus fines; sin dejar de tener en cuenta que su presencia les correspondería por un criterio demográfico, en función del peso de representatividad que adquieren en el conjunto de la población.

En el colectivo senior también destacan diferencias en la participación de las personas mayores por nivel de estudios, nivel socioeconómico, sexo y edad. Se caracteriza por:

  • registrar cuotas todavía más bajas que la población en general;
  • por diferencias significativas entre hombres y mujeres, más altos en ellos;
  • también las cuotas van en disminución en función del aumento de la edad;
  • a mejor formación y/o para clases sociales más altas, mayores niveles de interés;
  • por el contrario, las personas mayores católicas y las que residen en ámbitos rurales muestran menos interés político.

Además, un detalle a tener en cuenta es, que la cultura y participación política de las personas mayores de nuestro país está marcada por los acontecimientos históricos del último siglo. Partiendo de esta base, toda clase de activismo político en las personas mayores queda influenciado por la vivencia de esta etapa.

 

     v.         Deporte

El deporte en las personas mayores se constituye como la pieza clave para mantenerse saludable. La dependencia física o las limitaciones que puedan tener las personas de edad avanzada no impiden que se realicen actividades físicas adaptadas de manera que se ajusten a sus circunstancias. El tipo de deporte debe ser de intensidad media o baja y nunca sobrepasar el 85% de la frecuencia cardiaca máxima.

Una buena rutina de entrenamiento deportivo especializado para personas mayores puede ayudar a mejorar su calidad de vida y a mantenerse ágil y saludable. Igualmente, evitar el sedentarismo y fomentar la actividad, retrasa la aparición de enfermedades crónicas como la obesidad o diabetes que con el tiempo pueden provocar dependencia, protege frente a enfermedades cardiovasculares y previene la aparición de procesos degenerativos como la osteoporosis, la artrosis o la sarcopenia y fortalece el sistema inmunitario, además de favorecer la creación de nuevas células madre.

Otros beneficios del deporte:

  • Fortalecimiento de músculos y articulaciones.
  • Aumenta la fuerza y la autonomía y retrasa así la necesidad de bastones o andadores.
  • Protege frente a enfermedades cardiovasculares como el infarto o el ictus.
  • Mejora la clínica de la trombosis o el edema de piernas.
  • Acelera el metabolismo.
  • Es beneficioso para la salud mental por mejorar la autoestima, las funciones intelectuales, las relaciones sociales y los hábitos de sueño.
  • El ejercicio físico combate además la depresión y el estrés.
  • Al hacer ejercicio se mejora el apetito y los deseos de comer alimentos saludables.

La clave es tener voluntad y motivación.

Una de las actividades físicas que más realizan las personas de edad avanzada son el senderismo, ciclismo y andar. De realizarlo en pequeños grupos podría resultar entretenido y una buena terapia social. Por otra parte, hay muchas asociaciones de jubilados que ofrecen realizar actividades deportivas como Tai-Chi, baile y actividades de psicomotricidad. Se organizan actividades de yoga, pilates, natación y actividades de mantenimiento en ámbitos municipales.

 

    vi.         Ocio y tiempo libre

El Instituto de Estudios del Ocio de la Universidad define el ocio como: «vivencia subjetiva caracterizada fundamentalmente por la libertad percibida y por tanto por la voluntariedad; por la motivación o refuerzo intrínseco y por tanto por ser de carácter final y no instrumental, y por el disfrute o satisfacción». La delimitación conceptual del ocio y del tiempo libre varía en función del ciclo vital.

Las actividades de ocio, ya sean de forma pasiva o activa, ocupan un espacio fundamental dentro del tiempo de las personas mayores. Se consideraron nueve tipologías de actividades relativas a las personas mayores: juegos, educación y entretenimiento cultural, deportes, naturaleza, arte, coleccionismo, artesanía, voluntariado y participación en organizaciones.

Los patrones de actividad marcan la tendencia del envejecimiento activo y saludable, formulándose como elemento clave para la prevención de la dependencia. El mantenimiento de una vida social activa, a través de las actividades de ocio, garantiza un envejecimiento satisfactorio tanto a nivel cuantitativo como cualitativo.

 
   vii.         Otras formas de participación

Existen otros aspectos que complementan la visión de la participación social, y que incorporan otros matices característicos de las personas mayores. Entre ellos destacan:

  • La religión supone un tema en sí mismo desde una perspectiva sociológica y antropológica por resultar un un elemento principal para la mayoría de las personas mayores. España, de autodefinición católica, se recogen datos como los de un 97%, la participación en actividades religiosas y de culto en personas mayores, y prácticamente la mitad, un 42,8%, acude semanalmente a la iglesia y otro porcentaje elevado se relaciona directamente a través de la parroquia o similares, especialmente en las zonas más rurales.

Así, de forma semejante a la participación a través del asociacionismo, las personas mayores encuentran en estos enclaves religiosos un espacio donde desarrollar actividades y encuentros que se configuran como un medio más de participación social.

  • También la práctica del turismo, muy desarrollada entre las personas mayores, merece una mención especial dentro de estas líneas. En España, donde el 13,7% de las personas turistas tiene más de 65 años, el turismo representa para las personas mayores un medio más en el que poder establecer relaciones sociales, desarrollar actividades y conocer y ampliar experiencias vitales.

Destacan los conocidos viajes del IMSERSO, enfocados exclusivamente al público senior, a partir de los 60 años. A través de estos viajes se ofrece a las personas mayores la posibilidad de disfrutar de unas vacaciones seguras y organizadas –sin preocupaciones como desplazamientos, reservar habitaciones, asistencia sanitaria, buscar actividades de ocio, etc.-, realizar viajes culturares y desarrollar actividades recreativas a la vez que conocen gente en su mismo rango de edad y con intereses similares y afines.

De esta forma, estos tipos de programas mejoran el estado de salud de los usuarios, tanto en el aspecto físico como psicológico y afectan positivamente a su estado de ánimo a la vez que se contribuye a aumentar su círculo social y estableces nuevas relaciones sociales.

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